Perdido y encontrado

Una feliz reseña hecha por Costa sin mar para la revista Tierra Adentro. Este librito es uno de los favoritos de mis chamacos y cuando se los leo, el pingüino camina cantando “Vooooooooooooooy por lamveredatrompical”… La verdad es que nos divertimos mucho. Por cierto, ¡qué foto tan linda la de Oliver Jeffers!

Aquí la reseña.

PERDIDO Y ENCONTRADO

Ilustración de Oliver Jeffers. Imagen de Cuento a la vista (web).

Titulo: Perdido y encontrado

Autor: Oliver Jeffers

Traductor: Jorge Luján

Editorial: FCE

Lugar y Año: México, 2012

La historia que narra Perdido y encontrado de Oliver Jeffers (FCE, 2012) es la de un niño que encuentra fuera de su casa a un pingüino.  El niño lo lleva de regreso al Polo Sur, se separan comienzan a extrañarse. Se buscan y reencuentran en el océano para emprender juntos el camino de regreso a casa. En este libro álbum el autor presenta los temas del hallazgo, la soledad, el viaje y las relaciones de amistad.  ¿Pero de qué manera lo hace? ¿Cómo funciona la máquina narrativa de un objeto que se sirve de las palabras y el dibujo para contar?

El título. Para hacer encender  la máquina, uno debería pensar más bien en encontrado-perdido-encontrado. Pues así es la historia. Un niño abre la puerta de su casa. En el umbral un pingüino. Para que la maquinaria funcione, para que las palabras y las imágenes marchen es necesario detener cierta lógica. Abrir las puertas a un razonamiento donde un niño pueda hospedar a un animal de las antípodas, sin que su madre, sin que sus vecinos o sus compañeros de escuela lo cuestionen. Es decir, una lógica donde ciertos poderes (la familia, la sociedad de los vecinos, la escuela) quedan fuera. Un territorio distinto al que puede vivir un niño en un suburbio. Una lámina donde tres casas,  una superficie de césped y una fórmula, “Había una vez un niño que un día encontró un pingüino en la puerta de su casa”, nos llevan a un sitio donde las fuerzas del orden, de lo normal quedan en suspenso. No una utopía, simplemente otro lugar.

Para esto es necesario plantear el flujo encontrar-perder-encontrar.

Encontrar. Aparece un suceso extraordinario (porque uno no anda encontrando pingüinos como encuentra piedras) que descoloca la situación del niño. Situación que lo obligará a emprender un viaje (pequeño Ulises-Gilgamesh). Al llegar a su meta ambos personajes se separan.

Perder. El niño al iniciar el viaje de regreso se da cuenta que la unión con el pingüino existe por haber compartido tiempo, narraciones, aventuras (Ulises que al llegar a Ítaca se da cuenta que lo deseado es seguir el viaje con sus camaradas; Gilgamesh anclado a los vínculos de su amigo).

Oliver Jeffers. Imagen de Cuento a la vista (web).

Oliver Jeffers. Imagen de Cuento a la vista (web).

Encontrar. En el océano el niño desde su barca observa a su amigo que boga sobre un paraguas. Esta máquina narrativa es parte de un flujo. La historia no se cierra. La historia de esta pareja continuará.

La primera imagen del libro. Una maleta sola rodeada del blanco de dos páginas. ¿Qué significa una valija al inicio de una historia? Alguien que llega o alguien que ha dejado un sitio y, un determinado número de personas. El motor de la historia es el movimiento. Lo inesperado. En este caso particular esta maleta es la que el niño y el pingüino apañan para realizar su viaje hacia el Polo Sur. Pero también podríamos pensar que es la maleta que el pingüino carga antes de tocar la puerta del niño. El equipaje que alguno de los dos llevará dentro de un tiempo, porque uno de los términos presentes en este libro es el movimiento. No podemos imaginar que los personajes terminen con un final del tipo: fueron felices (e inmóviles) para siempre. Las imágenes presentes dan cuenta de ello. Vemos al niño y al pingüino pasear, hablar, averiguar, bañarse, leer, construir, navegar, abrazarse. La máquina de historias no sirve si se detiene. Aquí presenciamos no ese otro lugar, sino algo distinto a lo que el poder nos enseña: formas de organización petrificadas en su jerarquía, donde por lo regular se estigmatiza a aquella persona que se atreve a moverse, a viajar, a abandonar a su familia.

El motivo del viaje. El niño cree que el pingüino está triste. Cree que la solución es dirigirse al Polo Sur. ¿Cómo infiere esto? El libro no lo muestra. Esta característica es uno de los logros del autor. Esto es lo que me permite a mí como lector dialogar con el libro. Porque comienzo a hacer conjeturas respecto a lo que pasa por la cabeza del niño. El pasado que le hace pensar que regresando al pingüino a su lugar de origen combatirá su tristeza. La educación que le permite planificar una travesía con una lámpara  y un paraguas. La necesidad que tiene el niño de colocar ciertos significantes en ese territorio imaginario, porque lo que une a esa tierra son ciertas marcas gráficas: los libros, un cubo de información sobre objetos perdidos, una marquesina que anuncia “El Polo Sur”. Pero esta característica también tiene que ver con las herramientas del autor, con el aspecto formal. Usa palabras y dibujos. Herramientas no auditivas. Pero este libro está lleno de ruidos. Observamos los diálogos del niño, el ruido de sus caminatas, su movimiento dentro de una tina, los gritos ante un barco; al martillar, al remar, al empujar a su amigo cuando llegan a la orilla del Polo sur.

Advertencia con forma de sloganPerdido y encontrado es un libro peligroso. En su historia podríamos encontrar formas para imaginar, para modificar lo que pensamos y la forma que vivimos. No es un libro obvio, no dice: cambia esto, o analiza aquello. Es sutil, sólo nos pregunta ¿qué harías si afuera de tu casa encontraras un pingüino?

Ilustración de Oliver Jeffers. Imagen de Cuento a la vista (web).

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