A toro pasado, “Mis chichis son mías”

Este texto salió en la revista Vice.

Después de eso @nuria_htbazile hizo los posters de la campaña apócrifa y paródica con que abrí el artículo.

Surgieron muchas voces en contra y muy inteligentes –la mayoría están en este enlace–con respecto de lo que campaña del Gobierno de la Ciudad de México intentó para promover una lactancia materna de forma irracional.

Los derechos de las personas no pueden estar al contentillo de las autoridades. Exigir mejores condiciones laborales y respeto a las decisiones que la ciudadanía toma con respecto de su integridad emocional, física y sociocultural es un principio básico de buen gobierno.

No se pueden imponer visiones ‘morales’ frente a situaciones de índole política y social. Lo personal es político y existen formas más democráticas y justas de resolverlas. Si el objetivo es que las madres tengan condiciones para amamantar, habrá que comenzar por resolver los problemas laborales y sociales que conlleva esa práctica en esta ciudad y en este hermoso país de bellezas naturales; y por supuesto, no acusarlas de imaginarios machistas mediáticos de que están preocupadas exclusivamente por la belleza sus senos–fue lo que dijo el encargado de la campaña, cosa que me parece de guión de telenovela.

Aquí el texto:  

¿Se imaginan una campaña gubernamental bien editadita?, de esas a donde le ponen mucho varo: fotografías de gran formato por todo el sistema de transporte en la que salgan unos tipos bien sabrosos, con unas frases retelindas y retadoras: “¿A poco sí, muy mamado? Pues hazte cargo de tus hijos todos los días”. O una que diga, ¿La tienes muy grande? Que se note en la pensión alimenticia”. No pos no, la verdad el cuerpo masculino ni para bien ni para mal le importa al Estado.

El tamaño de sus de sus desos, la redondez de sus pompis, o la cuadratura de su espalda no son temas que al Estado le interesen, como tampoco le interesa el que tiene que ver con las responsabilidades familiares asentadas en el Convenio 156 de la Organización Internacional del Trabajo. En ese papelito se asienta que el ejercicio pleno del derecho al empleo implica que las responsabilidades familiares —léase: gestar, criar chamacos y cuidar enfermos— no constituyan causas de discriminación ni comprometan el acceso ni la permanencia laboral y que tampoco sean obstáculo para el desarrollo personal; como quien dice, que se generen condiciones laborales y sociales en las que Estado, sociedad, padres y madres se hagan cargo de los chamacos y de los enfermos.

El convenio fue publicado en 1985, parece que fue ayer, y México sigue en pie, pero el Congreso —partidos van partidos vienen—y nomás no hay ratificación. Pero eso sí muy preocupados por si las damos o no las damos: las chichis, digo. Y por si fuera poco, la reforma laboral que firmó en rapidín Calderón desbarata toda corresponsabilidad social. El Convenio recomienda a los Estados generar políticas públicas y reglamentaciones que involucren a los hombres para una distribución más igualitaria de las responsabilidades como podrían ser las incapacidades por paternidad y cuidados paternales, ¿existe algo que les impida a los adalides de la civilización —¡Hombres!, no se hagan que la virgen les habla— criar chamacos, cuidarlos cuando se enferman, darles sus alimentos, hacer la tarea con ellos, ir a firmas las boletas escolares, llevarlos a la clase de pintura? No me lo imagino. Entonces, ¿por qué se meten con mis chichis?

Claro que es importante amamantar, yo pude lujosamente amamantar exclusivamente al primero, aunque hacer malabares para escribir, ir a la universidad y pagar mis gastos con una beca de maestría no está fácil, hubiera estado más perrón si me hubiera tocado ser afanadora, cuidadora o albañila. Con la segunda, no pude darme ese lujo y la chamaca tuvo que tomar biberón porque era urgente que yo volviera a trabajar y sí sentí gacho; pero ni el Estado ni la sociedad la pusieron fácil, sacarme la leche en el baño no estaba lindo, que produjera menos leche porque no había estimulación y que no hubiera una guardería cercana no fue ni medianamente buena onda por parte de esos mismos que detrás de una campaña con las estrellas de ya saben dónde me acusa de no cumplir con mi obligación de proveedora de leche.

Las razones y las supuestas soluciones del Estado sintetizadas en esa campaña absolutamente discriminatoria, sexista y poco inteligente al problema de amamantar o no, son una carga más para el cuerpo de las mujeres. No hay condiciones laborales ni sociales que favorezcan la lactancia, y la carga moral de esta campaña con chichis operadas no es para nada en favor de los derechos a amamantar o no —son mis chichis y yo decido—. Su campaña tampoco está a favor de que los chamacos tengan familias en condicionales laborales y sociales que favorezcan que sean mejor alimentados, cuidados y valorados. ¿Quiere el Estado que amamante? Gracias, yo también. Pero si no ratifican el Convenio 156 de la OIT y no mejoran las condiciones laborales: no se metan con mis chichis, por fis.

Aquí les dejo algunos convenios internacionales que quizá podrían darle al gobierno una idea de cómo mejorar las condiciones de trabajo en general.

Convenio sobre los trabajadores con responsabilidades familiares

Conferencia internacional del trabajo

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@papelcontante

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