Acerca de parahojuelasmiel

Temas de corresponsabilidad social, empleo, autoempleo, buena vida, arte, literatura, educación y pensamiento crítico.

Transcripción: “Las pequeñas virtudes” de Natalia Ginzburg

Notas al margen

LAS PEQUEÑAS VIRTUDES de Natalia Ginzburg

Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito, sino el deseo de ser y de saber.

Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario. Nos apresuramos a enseñarles el respeto a las pequeñas virtudes, fundando en ellas todo nuestro sistema educativo. De esta manera elegimos el camino más cómodo, porque las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, es más, nos protegen de los golpes de la suerte. Olvidamos enseñar las grandes virtudes y, sin embargo, las amamos, y…

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“Es un engaño que el trabajo asalariado sea la clave para liberar a las mujeres”

Esta entrevista fue realizada por @RequenaAguilar aquí 

Silvia Federici (Italia, 1942) es una pensadora y activista feminista, un referente intelectual por su análisis del capitalismo, el trabajo asalariado y reproductivo, siempre desde una perspectiva de género. Profesora en la Universidad de Hofstra de Nueva York, Federici fue una de las impulsoras de las campañas que en los años setenta comenzaron a reivindicar un salario para el empleo doméstico. “El trabajo doméstico no es un trabajo por amor, hay que desnaturalizarlo”, defiende. La escritora está de gira por España: allá donde ha estado las librerías y salas se han llenado para escucharla. Su último libro publicado en español es “Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas”, publicado por Traficantes de Sueños.

¿Es esta crisis económica una crisis también de igualdad?

Sí, es una crisis de igualdad y que amenaza especialmente a las mujeres. Hay muchas consecuencias de las crisis que impactan en las mujeres de forma particularmente intensa. Por un lado, los recortes de servicios públicos, de la sanidad, de la educación, de los cuidados, las guarderías… eso trae a las casas un montón de trabajo doméstico que todavía siguen haciendo mayoritariamente las mujeres. La mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa pero siguen encargándose de este trabajo y tienen que absorber esta parte de tareas que antes eran públicas. Por otro lado, la crisis del empleo y del salario crea nuevas tensiones entre las mujeres y los hombres. Que las mujeres tengan más autonomía ha creado tensiones y un aumento de la violencia masculina. El hecho de que los hombres no tengan el poder económico y al mismo tiempo las mujeres reivindican una mayor autonomía ha creado formas de violencia masculina contra las mujeres que se pueden ver en todo el mundo.

¿En qué momento diría que estamos entonces?

Estamos en un periodo en el cual se está desarrollando un nuevo tipo de patriarcado en el cual las mujeres no son solo amas de casa, pero en el que los valores y las estructuras sociales tradicionales aún no han sido cambiadas. Por ejemplo, hoy muchas mujeres trabajan fuera de la casa, muchas veces en condiciones precarias, lo que supone una pequeña fuente de mayor autonomía. Sin embargo, los lugares de trabajo asalariado no han sido cambiados, por tanto, ese trabajo asalariado significa adaptarse a un régimen que está construido pensado en el trabajo tradicional masculino: las horas de trabajo no son flexibles, los centros de trabajo no han incluido lugares para el cuidado, como guarderías, y no se ha pensado formas para que hombres y mujeres concilien producción y reproducción. Es un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.

De hecho, usted dice que se ha identificado la emancipación de las mujeres con el acceso al trabajo asalariado y que eso le parece un error, ¿lo es?

Es un engaño del que hoy podemos darnos cuenta. La ilusión de que el trabajo asalariado podía liberar a las mujeres no se ha producido. El feminismo de los años 70 no podía imaginar que las mujeres estaban entrando al trabajo asalariado en el momento justo en el que éste se estaba convirtiendo en un terreno de crisis. Pero es que, en general, el trabajo asalariado no ha liberado nunca a nadie. La idea de la liberación es alcanzar la igualdad de oportundiades con los hombres, pero ha estado basada en un malentendido fundamental sobre el papel del trabajo asalariado en el capitalismo. Ahora vemos que esas esperanzas de transformación completa eran en vano. Al mismo tiempo sí vemos que muchas mujeres han conseguido más autonomía a través del trabajo asalarido, pero más autonomía respecto de los hombres no respecto del capital. Es algo que ha permitido vivir por su cuenta a muchas mujeres o bien que tuvieran un trabajo, mientras su pareja no lo tenía. De alguna forma esto ha cambiado las dinámicas en los hogares, pero en general no ha cambiado las relaciones entre hombres y mujeres. Y, muy importante, eso no ha cambiado las relaciones entre mujeres y capitalismo: porque ahora las mujeres tienen dos trabajos y aún menos tiempo para, por ejemplo, luchar, participar en movimientos sociales o políticos.

Es también muy crítica con organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la ONU. Algunos de ellos publican informes animando a la participación femenina en el mercado laboral, mientras alientan medidas de recorte que perjudican la igualdad y la vida de las mujeres…

Sí y esto es fundamental. Es un error no ver el tipo de planificación capitalista que se está desarrollando dentro del proyecto de globalización. Hubo una intervención masiva en la agenda y en las políticas feministas con el objetivo de usar el feminismo para promover el neoliberalismo y para contrarrestar el potencial subversivo que tenía el movimietno de mujeres en términos, por ejemplo, de lucha contra la división sexual del trabajo y contra todos los mecanismos de explotación. Por un lado, el trabajo de la ONU fue redefinir la agenda feminista y creo que fueron bastante efectivos. A través de  varias conferencias mundiales, por ejemplo, se presentaban así misma como la representación de las mujeres del mundo y de lo que es o no el feminismo. Por otro lado, su otro objetivo era ‘educar’ a los gobiernos del mundo en que algo tenía que cambiar en la legislación laboral para permitir la entrada de las mujeres en el trabajo asalariado.

¿Cómo salir entonces de esa trampa, cómo conseguir reivindicar la igualdad sin caer en esas trampas? Porque, por ejemplo, usted rechaza que las mujeres se incorporen en igualdad a los Ejércitos.

No a las mujeres en el Ejército, de ninguna manera. Hay que tener en cuenta que los hombres también son explotados. Entonces, si decimos simplemente que queremos la igualdad con los hombres estamos diciendo que queremos tener la misma explotación que los hombres tienen. La igualdad es un término que congela el feminismo: por supuesto que en un sentido general no podemos estar en contra de la igualdad, pero en otro sentido decir solo que luchamos por la igualdad es decir que queremos la explotación capitalista que sufren los hombres. Creo que lo podemos hacer mejor que eso, hay que aspirar a transformar el modelo entero, porque los hombres tampoco tienen una situación ideal, los hombres también deben ser liberados, porque son sujetos de un proceso de explotación. Por eso no a las mujeres en el ejército, porque no a la guerra, no a la participación en ninguna organización que nos comprometa a matar a otras mujeres, a otros hombres en otros países con el objetivo de controlar los recursos del mundo. La lucha feminista debería deicr en ese sentido que los hombres deberían ser iguales a las mujeres, que no haya hombres en los ejércitos, es decir, no a los ejércitos y no a las guerras.

¿Y cómo salir de la trampa en el caso del trabajo asalariado?

Esto es diferente porque en muchos casos el trabajo asalariado es la única forma en la que podamos ser autónomas y no estamos en la posición de decir no al empleo. La cuestión es considerar el trabajo asalariado como una estrategia más para la liberación, no como la gran estrategia para liberarnos. Por ejemplo, en EEUU la cuestión del trabajo reproductivo no se tiene en cuenta para nada e incluso cuando las mujeres luchan por liberarse de las tareas de cuidado eso solo se tiene en cuenta como una forma de que ellas puedan dedicar más tiempo al trabajo fuera de casa. El capitalismo devalúa la reproducción, y eso significa que devalúa nuestras vidas para continuar devaluando la producción de trabajadores. Es un asunto fundamental que no se está teniendo en cuenta. Así que no se trata de decir no al trabajo asalariado sino de decir que el trabajo asalariado no es la fórmula mágica para liberar a las mujeres. Las mujeres no están afuera de la clase trabajadora, la lucha feminista debe estar totalmente imbricada en la lucha trabajadora.

Entonces, ¿qué más estrategias se pueden seguir para conseguir esa liberación?

El trabajo que la mayoría de mujeres hacen en el mundo, que es el trabajo reproductivo y doméstico, es ignorado. Y ese trabajo es la base del capitalismo porque es la forma en la que se reproducen los trabajadores. El trabajo de cuidados no es un trabajo por amor, es un trabajo para producir a los trabajadores para el capital y es un tema central. Si no hay reproducción, no hay producción. Si ese trabajo que hacen las mujeres en las casas es el principio de todo lo demás: si las mujeres paran, todo para; si el trabajo doméstico para, todo lo demás para. Por eso el capitalismo tiene que devaluar este trabajo constantemente para sobrevivir: ¿por qué ese trabajo no está pagado si mantiene nuestras vidas en marcha? La corriente de la que yo provengo vimos que si el capitalismo tuviera que pagar por este trabajo no podría seguir acumulando bienes. Y al menos que lidiemos con este asunto no produciremos ningún cambio en ningún otra plano.

¿Defiende el salario para el trabajo doméstico?

Sí. Muchas feministas nos acusan de institucionalizar a las mujeres en casa porque entienden que esta demanda es una forma de congelar a las mujeres en los hogares, pero es exactamente lo contrario, es la forma en que podemos liberarnos. Porque si este trabajo es considerado como tal los hombres también podrán hacerlo. El salario sería para el trabajo, no para las mujeres.

Sí, pero aún hoy son las mujeres las que hacen mayoritariamente ese trabajo, esa sigue siendo la tendencia a pesar de que ha habido otros cambios, ¿qué haría cambiar esa inercia?

La tendencia es esa porque la ausencia de salario ha naturalizado la explotación. ¿Te imaginas que los hombres hubieran hecho un trabajo industrial gratis durante dos años porque es lo propio de los hombres? Estaría totalmente naturalizado, igual que lo está el trabajo doméstico, que está ligado a la feminidad y a lo que se considera propio de las mujeres. En una sociedad conformada para las relaciones monetarias, la falta de salario ha transformado una forma de explotación en una actividad natural, por eso decimos que es importante desnaturalizarla.

¿Y la forma de desnaturalizarla es precisamente mediante un salario?

Sí, es un primer paso para hacerlo. Pero nunca vemos el salario como un fin, sino como un medio, un instrumento para empezar la reivindicación. Ya solo pedir un salario tiene el poder de revelar toda un área de explotación, de sacar a la luz que esto es un trabajo propiamente dicho, y que es esencial para el capitalismo, que ha acumulado riqueza gracias a ello.

¿No se corre el riesgo de perpetuar así la división sexual del trabajo?

No, es una forma de romperla. Se puede demostrar que la división sexual del trabajo está construida sobre la diferencia salario-no salario.

Sin embargo, en muchos países como España el trabajo doméstico ya está reconocido como tal (no con todos los derechos) y aún así ese trabajo sigue siendo femenino mayoritariamente, es decir, que esté remunerado no ha hecho que los hombres se incorporen a esos empleos. ¿Por qué pensar entonces que pagar por las tareas del hogar hará que los hombres se incorporen a ese área?

En una situación en la que el trabajo doméstico no es reconocido como trabajo y millones de mujeres lo hacen gratis en todo el mundo, las mujeres que lo hacen por dinero están en una situación de debilidad, de no poder negociar mejores condiciones. Yo espero que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reinvidicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural.Imagen

¡A chanclazos! Noooooo

 

Taller en Buena Vista, AcaxotitlánMientras tanto en la oficina de la senadora… ¡Alerta máxima, nuestros niños y jóvenes están siendo víctimas de bullying! —¿Quién es el victimario?, ¿quién osa ofender y molestar a los chiquillos y chiquillas de este país de bellezas naturales? —Ah, pues otros niños y jóvenes. —Mmmm, sí, pero no podemos quedarnos cruzadas o cruzados de brazos, ¡hagamos algo! Antes de que esos criminales sigan maltratando a nuestros niños y jóvenes. —¿Cuáles criminales? —Ah, pues los niños y jóvenes que hacen bullying. —Pero, senadora, no podemos castigarlos a todos. No nos alcanzarían los centros de detención juvenil, ni las correccionales y los penales de máxima seguridad están hasta el tope. —Pues alguien tiene que pagar por esas víctimas de bullying. —¡Ya sé, los papás! —No, Los papás no porque yo tengo chamacos y mis chamacos no hacen bullying, únicamente demuestran que están más aptos para un ambiente agresivo. –Castiguemos a los maestros, al cabo que son ellos los responsables de la conducta y la educación de nuestros niños y jóvenes.

Y así la senadora pensó que el problema se resolvería y dijo…

Habrá que fincar responsabilidades criminales contra profesores y escuelas por permitir el bullying adentro y afuera de sus centros de trabajo. Ellos serán los encargados de salvaguardar la integridad física y emocional de todas y cada una de las inocentes criaturitas que enviamos con las mejores de nuestras intenciones a que reciban lo más granado de la civilización y la cultura occidental del esfuerzo, la competencia y el progreso en esos lugares de iluminación que son las escuelas; que con una visión del trabajo duro y la competencia feroz los obligan a ser los mejores, los más emprendedores, los más tenaces y golpeadores. Porque el mundo de hoy es para quien se atreve a conquistarlo, no importa cómo ni de qué manera. El mundo es para los más altos, los más fuertes, los más rápidos, los más… más y los muy muy.

Y la senadora se fue muy contenta a dormir, creyendo con todo su corazón que ese día había hecho algo por la humanidad de los gobernados.

Pero la verdad, la mera verdad, no es chanclazos como podremos resolver un problema que va más allá de nuestras buenas intenciones. A la mayoría nos preocupa lo que pasa en las escuelas, los terribles casos en los que niños y niñas son humillados maltratados por otros compañeros y compañeras e incluso por sus maestros o maestras. Pero más allá de ponerse más violentos y pensar en meter a la cárcel o cobrar multas a los maestros que estén cerca de un problema de violencia entre pares, habríamos de encontrar otras soluciones. Por ejemplo, asambleas escolares bien llevadas en las que se enseñe a los chamacos a llegar a acuerdos, a exigir derechos ante las autoridades y sus compañeros.

Enseñar a los chamacones a colaborar entre ellos para obtener beneficios para la comunidad, huertos escolares como espacios de convivencia; que las clases de educación física no tengan ese enfoque de competencia gandalla; que se elimine el vergonzoso cuadro de horror, que se favorezca el diálogo, nomás. Y ya que andamos en eso, reducción de la jornada laboral para que cada familia se pueda hacer cargo de la educación de sus chamacos más allá de la escuela. Pongámonos creativos y no represivos.

La cosa no va nada bien cuando unos muchachos sin límites matan imprudencialmente a un compañero, pero no van mejor cuando linchamos a los profesores que pudieron evitarlo o no. Esclarecer la participación o tolerancia de los profesores en actos de violencia entre compañeros con las pocas herramientas y recursos que tiene el sistema de justicia mexicano es como querer que los agentes de CSI-unidad de víctimas especiales hagan su trabajo con una barita mágica y las adivinaciones de Madame Sazú, y que además enfrenten a los grandes criminales a chanclazos.

Conciliación con corresponsabilidad social, es decir que las tareas de cuidado sean compartidas entre hombres y mujeres, pero también entre el Estado,  el mercado y las familias, así como por la sociedad en general.

Conciliación con corresponsabilidad social, es decir que las tareas de cuidado sean compartidas entre hombres y mujeres, pero también entre el Estado, el mercado y las familias, así como por la sociedad en general.

Los papeles de víctimas, testigos y victimarios en las peleas entre chamacos son intercambiables y son experiencias formativas, nomás para que se acuerde échele un ojo a La historia sin fin, en ella Sebastián, el protagonista, aprende a no dejarse pero también a ser compasivo; y si no le gusta la fantasía, revise la investigación de Juana Mejía Hernández que estudió muy puntualmente porqué se pelean los chamacos de secundaria y cómo resuelven sus broncas en la secundaria.

http://www.educacionfutura.org/no-a-la-criminalizacion-de-las-escuelas/

 

 

Y la otra

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Realizado por @nuria_htebazile

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Las parodias…

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Realizado por @nuria_htbazile

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A toro pasado, “Mis chichis son mías”

Este texto salió en la revista Vice.

Después de eso @nuria_htbazile hizo los posters de la campaña apócrifa y paródica con que abrí el artículo.

Surgieron muchas voces en contra y muy inteligentes –la mayoría están en este enlace–con respecto de lo que campaña del Gobierno de la Ciudad de México intentó para promover una lactancia materna de forma irracional.

Los derechos de las personas no pueden estar al contentillo de las autoridades. Exigir mejores condiciones laborales y respeto a las decisiones que la ciudadanía toma con respecto de su integridad emocional, física y sociocultural es un principio básico de buen gobierno.

No se pueden imponer visiones ‘morales’ frente a situaciones de índole política y social. Lo personal es político y existen formas más democráticas y justas de resolverlas. Si el objetivo es que las madres tengan condiciones para amamantar, habrá que comenzar por resolver los problemas laborales y sociales que conlleva esa práctica en esta ciudad y en este hermoso país de bellezas naturales; y por supuesto, no acusarlas de imaginarios machistas mediáticos de que están preocupadas exclusivamente por la belleza sus senos–fue lo que dijo el encargado de la campaña, cosa que me parece de guión de telenovela.

Aquí el texto:  

¿Se imaginan una campaña gubernamental bien editadita?, de esas a donde le ponen mucho varo: fotografías de gran formato por todo el sistema de transporte en la que salgan unos tipos bien sabrosos, con unas frases retelindas y retadoras: “¿A poco sí, muy mamado? Pues hazte cargo de tus hijos todos los días”. O una que diga, ¿La tienes muy grande? Que se note en la pensión alimenticia”. No pos no, la verdad el cuerpo masculino ni para bien ni para mal le importa al Estado.

El tamaño de sus de sus desos, la redondez de sus pompis, o la cuadratura de su espalda no son temas que al Estado le interesen, como tampoco le interesa el que tiene que ver con las responsabilidades familiares asentadas en el Convenio 156 de la Organización Internacional del Trabajo. En ese papelito se asienta que el ejercicio pleno del derecho al empleo implica que las responsabilidades familiares —léase: gestar, criar chamacos y cuidar enfermos— no constituyan causas de discriminación ni comprometan el acceso ni la permanencia laboral y que tampoco sean obstáculo para el desarrollo personal; como quien dice, que se generen condiciones laborales y sociales en las que Estado, sociedad, padres y madres se hagan cargo de los chamacos y de los enfermos.

El convenio fue publicado en 1985, parece que fue ayer, y México sigue en pie, pero el Congreso —partidos van partidos vienen—y nomás no hay ratificación. Pero eso sí muy preocupados por si las damos o no las damos: las chichis, digo. Y por si fuera poco, la reforma laboral que firmó en rapidín Calderón desbarata toda corresponsabilidad social. El Convenio recomienda a los Estados generar políticas públicas y reglamentaciones que involucren a los hombres para una distribución más igualitaria de las responsabilidades como podrían ser las incapacidades por paternidad y cuidados paternales, ¿existe algo que les impida a los adalides de la civilización —¡Hombres!, no se hagan que la virgen les habla— criar chamacos, cuidarlos cuando se enferman, darles sus alimentos, hacer la tarea con ellos, ir a firmas las boletas escolares, llevarlos a la clase de pintura? No me lo imagino. Entonces, ¿por qué se meten con mis chichis?

Claro que es importante amamantar, yo pude lujosamente amamantar exclusivamente al primero, aunque hacer malabares para escribir, ir a la universidad y pagar mis gastos con una beca de maestría no está fácil, hubiera estado más perrón si me hubiera tocado ser afanadora, cuidadora o albañila. Con la segunda, no pude darme ese lujo y la chamaca tuvo que tomar biberón porque era urgente que yo volviera a trabajar y sí sentí gacho; pero ni el Estado ni la sociedad la pusieron fácil, sacarme la leche en el baño no estaba lindo, que produjera menos leche porque no había estimulación y que no hubiera una guardería cercana no fue ni medianamente buena onda por parte de esos mismos que detrás de una campaña con las estrellas de ya saben dónde me acusa de no cumplir con mi obligación de proveedora de leche.

Las razones y las supuestas soluciones del Estado sintetizadas en esa campaña absolutamente discriminatoria, sexista y poco inteligente al problema de amamantar o no, son una carga más para el cuerpo de las mujeres. No hay condiciones laborales ni sociales que favorezcan la lactancia, y la carga moral de esta campaña con chichis operadas no es para nada en favor de los derechos a amamantar o no —son mis chichis y yo decido—. Su campaña tampoco está a favor de que los chamacos tengan familias en condicionales laborales y sociales que favorezcan que sean mejor alimentados, cuidados y valorados. ¿Quiere el Estado que amamante? Gracias, yo también. Pero si no ratifican el Convenio 156 de la OIT y no mejoran las condiciones laborales: no se metan con mis chichis, por fis.

Aquí les dejo algunos convenios internacionales que quizá podrían darle al gobierno una idea de cómo mejorar las condiciones de trabajo en general.

Convenio sobre los trabajadores con responsabilidades familiares

Conferencia internacional del trabajo

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@papelcontante

“Lo digo de nuevo, la visión de los que amas, aquellos que has conocido y aquellos que no”

20 de enero, 2003
Alguno dice caballería multitudinaria, algunos dicen soldados a pie, otros lo llaman flota.
Alguno dice un ejército de caballería, otros de infantería, otros naves.
Alguno dice jinetes o soldados a pie o remeros.
O una tropa de caballos, el marcado rango de los marchantes, una noble flotilla, alguno dice.
Alguno dice ciento veinte tanques Challenger Two, de infantería, o una flota de naves.
Hay aquellos que dicen un montón de caballería, tanques M1A2 Abrams y, otros de naves, y otros Howitzer de 155 mm.
Alguno dice vehículos de combate Warrior atestados, algunos dicen soldados de a pie, otros lo llaman una flotilla de las más bellas vistas que la oscura tierra ofrece.
Alguno dice que la más linda cosa sobre la tierra oscura es un montón de helicópteros de ataque AH-64 antiblindaje, y, otros, de nuevo, una flota de naves.
Alguno dice que la más bella cosa sobre la tierra oscura es un ejército de tanques de artillería AS90; otros, onfantería; aun otros, naves.
Sobre esta tierra oscura, alguno dice que la cosa más adorable, son las trainta mil tropas de asalto de Bretaña que se unen hoy a las sesenta y dos mil estadounidenses movilizadas en los diez días pasados y un estimado de sesenta mil de los EU que van en camino.
En esta tierra oscura, sobre la tierra oscuro carbón, alguno dice todo esto y más.
Pero yo digo es lo que más amas.
Yo digo que eso son las personas que amas.
Digo que son esas cosas, cualquiera que sean, que uno ama y desea.
Digo que es lo que uno ama.
Es lo que uno ama, la más bella cosa es quien uno ama.
Digo es quien quiera que una persona ame.
Digo que para mí son mis amados.
Para mí, y nadie más, son mis amados, eso es la más adorable vista.
Digo la visión de los que amas.
Lo digo de nuevo, la visión de los que amas, aquellos que has conocido y aquellos que no.
Lo digo de nuevo y de nuevo.
De nuevo y de nuevo.
Trato de seguir diciéndolo para que siga pasando.
Seven in bed

Seven in bed, Louise Bourgeois

Juliana Spahr
Esta conexión de todo aquello con pulmones
Traducción: Benjamín Moreno y Minerva Reynosa
Mantis Editores, 2012.