¡A chanclazos! Noooooo

 

Taller en Buena Vista, AcaxotitlánMientras tanto en la oficina de la senadora… ¡Alerta máxima, nuestros niños y jóvenes están siendo víctimas de bullying! —¿Quién es el victimario?, ¿quién osa ofender y molestar a los chiquillos y chiquillas de este país de bellezas naturales? —Ah, pues otros niños y jóvenes. —Mmmm, sí, pero no podemos quedarnos cruzadas o cruzados de brazos, ¡hagamos algo! Antes de que esos criminales sigan maltratando a nuestros niños y jóvenes. —¿Cuáles criminales? —Ah, pues los niños y jóvenes que hacen bullying. —Pero, senadora, no podemos castigarlos a todos. No nos alcanzarían los centros de detención juvenil, ni las correccionales y los penales de máxima seguridad están hasta el tope. —Pues alguien tiene que pagar por esas víctimas de bullying. —¡Ya sé, los papás! —No, Los papás no porque yo tengo chamacos y mis chamacos no hacen bullying, únicamente demuestran que están más aptos para un ambiente agresivo. –Castiguemos a los maestros, al cabo que son ellos los responsables de la conducta y la educación de nuestros niños y jóvenes.

Y así la senadora pensó que el problema se resolvería y dijo…

Habrá que fincar responsabilidades criminales contra profesores y escuelas por permitir el bullying adentro y afuera de sus centros de trabajo. Ellos serán los encargados de salvaguardar la integridad física y emocional de todas y cada una de las inocentes criaturitas que enviamos con las mejores de nuestras intenciones a que reciban lo más granado de la civilización y la cultura occidental del esfuerzo, la competencia y el progreso en esos lugares de iluminación que son las escuelas; que con una visión del trabajo duro y la competencia feroz los obligan a ser los mejores, los más emprendedores, los más tenaces y golpeadores. Porque el mundo de hoy es para quien se atreve a conquistarlo, no importa cómo ni de qué manera. El mundo es para los más altos, los más fuertes, los más rápidos, los más… más y los muy muy.

Y la senadora se fue muy contenta a dormir, creyendo con todo su corazón que ese día había hecho algo por la humanidad de los gobernados.

Pero la verdad, la mera verdad, no es chanclazos como podremos resolver un problema que va más allá de nuestras buenas intenciones. A la mayoría nos preocupa lo que pasa en las escuelas, los terribles casos en los que niños y niñas son humillados maltratados por otros compañeros y compañeras e incluso por sus maestros o maestras. Pero más allá de ponerse más violentos y pensar en meter a la cárcel o cobrar multas a los maestros que estén cerca de un problema de violencia entre pares, habríamos de encontrar otras soluciones. Por ejemplo, asambleas escolares bien llevadas en las que se enseñe a los chamacos a llegar a acuerdos, a exigir derechos ante las autoridades y sus compañeros.

Enseñar a los chamacones a colaborar entre ellos para obtener beneficios para la comunidad, huertos escolares como espacios de convivencia; que las clases de educación física no tengan ese enfoque de competencia gandalla; que se elimine el vergonzoso cuadro de horror, que se favorezca el diálogo, nomás. Y ya que andamos en eso, reducción de la jornada laboral para que cada familia se pueda hacer cargo de la educación de sus chamacos más allá de la escuela. Pongámonos creativos y no represivos.

La cosa no va nada bien cuando unos muchachos sin límites matan imprudencialmente a un compañero, pero no van mejor cuando linchamos a los profesores que pudieron evitarlo o no. Esclarecer la participación o tolerancia de los profesores en actos de violencia entre compañeros con las pocas herramientas y recursos que tiene el sistema de justicia mexicano es como querer que los agentes de CSI-unidad de víctimas especiales hagan su trabajo con una barita mágica y las adivinaciones de Madame Sazú, y que además enfrenten a los grandes criminales a chanclazos.

Conciliación con corresponsabilidad social, es decir que las tareas de cuidado sean compartidas entre hombres y mujeres, pero también entre el Estado,  el mercado y las familias, así como por la sociedad en general.

Conciliación con corresponsabilidad social, es decir que las tareas de cuidado sean compartidas entre hombres y mujeres, pero también entre el Estado, el mercado y las familias, así como por la sociedad en general.

Los papeles de víctimas, testigos y victimarios en las peleas entre chamacos son intercambiables y son experiencias formativas, nomás para que se acuerde échele un ojo a La historia sin fin, en ella Sebastián, el protagonista, aprende a no dejarse pero también a ser compasivo; y si no le gusta la fantasía, revise la investigación de Juana Mejía Hernández que estudió muy puntualmente porqué se pelean los chamacos de secundaria y cómo resuelven sus broncas en la secundaria.

http://www.educacionfutura.org/no-a-la-criminalizacion-de-las-escuelas/