El cuarto de los niños II

Conmovidos por la noticia de Connecticut, recordamos estas imágenes que posteamos hace apenas un par de días antes de que sucediera el trágico evento en el que perdieron la vida profesores y profesoras, así como veinte pequeñitos de entre 5 y 7 años.

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De los cuartos que el artista fotografió en Estados Unidos no hay ninguno que no sea, justo es decirlo, aterrador: un chico amante de las armas, una niña con todas las medallas en artes marciales habidas y por haber, y el el niño que en sus ratos libres practica el mundo de los negocios.

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¿Qué clase de adultos son capaces de creer que eso es sano? No es sano el mundo de la “competitividad”, de la “cosificación” y del ganar por ganar. Crea gente enojada, egoísta y estúpida que antepone lo material a cualquier solidaridad humana; el mundo del competir, del ganar por encima de todas las personas en todas las circunstancias, crea desalmados capaces de utilizar lo que sea, o a quien sea, con tal de salirse con la suya.

No miden las consecuencias, no valoran ni la amistad, ni la empatía, ni la convivencia, son seres que han perdido el alma, literalmente, en el afán de obtener lo que se les antoja: reconocimiento, fama, títulos, cargos, dignidades, objetos, propiedades, personas, estatus, lo que sea y sí, se han convertido en unos desalmados: zombis que en lugar de tragar cerebros quieren más de lo que sea, no paran, no hay nada que los haga sentirse bien y en comunión con nadie: vacíos del corazón, metafóricamente, se llenan de poder, de horror y de maldad y de berrinches. Estos seres esperan que el mundo se acomode a sus designios tiranos, inocuos, la mayoría de las veces, pero insufribles, y que en la medida en que siguen acumulando frustración y encono pueden llegar a ser si no asesinos sí seres capaces de las peores bajezas, traición, corrupción, falsos testimonios,  engaños, delación entre otras linduras.

La sociedad estadounidense modelo idóneo de la sociedad de consumo, se ha convertido en un semillero de asesinos, como el de esta escuela; pero en nuestro país no vamos por mejor camino, en otras circunstancias y con otros factores nuestros niños y jóvenes no lo están pasando mejor, no estamos creando mejores circunstancias de desarrollo.

Algo estamos haciendo mal, creemos que evitar la frustración de nuestros niños y jóvenes les hará bien, creemos que ellos son los “reyes” y “princesas” y que les hacemos mucho bien volviéndolos “competitivos”.

Vale mucho la pena que revisemos dónde  duermen nuestros niños, ¿qué sueñan?, ¿qué los hace felices?, ¿con quién comparten?. ¿cómo lidian con la frustración? y si es necesario hacernos esas mismas preguntas con respecto de nosotros mismos, saber ¿cuáles son las expectativas con las que los estamos criando?, ¿Hacía  qué modelos de solución de conflictos  los estamos  guiando?

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Trabajo doméstico, ¿quién dijo yo?

Efectivamente, para lavar los trastes no es necesario tener estudios profesionales, tampoco tienes que hacer operaciones de cálculo o leer eruditos tratados. Uno nomás llega al fregadero, bendito nombre, y comienza a enjabonar, acomodar, enjuagar y poner a escurrir los platos, vasos, ollas, cacerolas, biberones hasta que termina y luego limpias la estufa, acomodas y justo cuando crees que ya todo está limpio y que no hay ningún traste en el fregadero, llegan más y más trastes con la hora de ponerse a preparar la comida.

Total, pareciera que cualquiera puede lavar los trastes, recoger la ropa del piso, lavarla, tenderla, doblarla y acomodarla en el armario, preparar la comida y mantener limpia y ordenada la casa; el problema es que nadie quiere hacerlo y que parece que es una tarea que exclusivamente le toca a algunas personas y que cuando los demás lo hacen, es por pura buena onda o porque están ayudando, pero que no es su responsabilidad.

Te imaginas qué pasaría si nadie lo hiciera. Hay personas que pueden vivir comiendo comida rápida en desechables, durmiendo en camas sucias, con amontonaderos por todas partes y con la ropa percudida o mugrosa, sin necesariamente ser pobres, económicamente hablando. Aunque no podemos decir que vivan bien, la vida buena implica tener un orden que te permita encontrar las cosas que buscas, alimentarte sanamente, tener un espacio limpio donde dormir, estudiar y aprender, en que la higiene y el cuidado te eviten enfermedades o malestar.

Históricamente se ha creído que limpiar una casa es una tarea que no requiere esfuerzo físico, ni intelectual, que en realidad no es un trabajo porque no debes pagarlo; por eso el trabajo doméstico se ha relacionado con la esclavitud, el colonialismo y otras formas de servidumbre que suponen que unas personas valen más o menos que otras y que por eso están condenadas a realizar ciertos trabajos. El trabajo doméstico es el trabajo que han realizado los vencidos en la historia, especialmente las mujeres de los pueblos colonizados; por eso en la actualidad, en países como el nuestro es un trabajo que perpetúa las jerarquías e injusticias basadas en la raza, el grupo étnico, el color de piel o la lengua que hablas, o el estrato socioeconómico al que perteneces.

Una o dos generaciones antes no se cuestionaba con tanta claridad esta situación de cuánto cuesta el trabajo doméstico y quién o quiénes deben hacerlo. La mamá o las hermanas o las hijas eran quienes tenían que atender las labores de limpieza y cuidado del hogar, la mayoría de ellas además atendía sus propios negocios o estudiaba; son las mujeres que conocemos y que además de atender familias y casas, salieron a la oficina o a estudiar o a vender o a realizar muchas otras actividades. El problema es que debido al estigma contra el trabajo doméstico, muy pocos hombres se quedaron en las casas a hacer ese trabajo que se cree de débiles o vencidos, y aunque las mujeres compartieron tareas remuneradas con ellos, ellos no le entraron a hacer las tareas del hogar.

Se nos ocurre que la forma más adecuada para revertir estas ideas acerca del trabajo doméstico y mejorar la convivencia es valorarlo y repartirlo equitativamente. En el próximo post les contaremos cómo le tuvimos que hacer para repartirnos esas tareas porque no todo es miel sobre hojuelas.

Más información
Encuesta nacional sobre discriminación en México, resultados sobre trabajadoras domésticas
http://www.conapred.org.mx/redes/userfiles/files/Enadis-2010-TD-Accss.pdf
Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social (Resumen ejecutivo)
http://oit.org.pe/WDMS/bib/publ/documentos/trab_familia%5BOIT-PNUD%5D_re.pdf