“Lo digo de nuevo, la visión de los que amas, aquellos que has conocido y aquellos que no”

20 de enero, 2003
Alguno dice caballería multitudinaria, algunos dicen soldados a pie, otros lo llaman flota.
Alguno dice un ejército de caballería, otros de infantería, otros naves.
Alguno dice jinetes o soldados a pie o remeros.
O una tropa de caballos, el marcado rango de los marchantes, una noble flotilla, alguno dice.
Alguno dice ciento veinte tanques Challenger Two, de infantería, o una flota de naves.
Hay aquellos que dicen un montón de caballería, tanques M1A2 Abrams y, otros de naves, y otros Howitzer de 155 mm.
Alguno dice vehículos de combate Warrior atestados, algunos dicen soldados de a pie, otros lo llaman una flotilla de las más bellas vistas que la oscura tierra ofrece.
Alguno dice que la más linda cosa sobre la tierra oscura es un montón de helicópteros de ataque AH-64 antiblindaje, y, otros, de nuevo, una flota de naves.
Alguno dice que la más bella cosa sobre la tierra oscura es un ejército de tanques de artillería AS90; otros, onfantería; aun otros, naves.
Sobre esta tierra oscura, alguno dice que la cosa más adorable, son las trainta mil tropas de asalto de Bretaña que se unen hoy a las sesenta y dos mil estadounidenses movilizadas en los diez días pasados y un estimado de sesenta mil de los EU que van en camino.
En esta tierra oscura, sobre la tierra oscuro carbón, alguno dice todo esto y más.
Pero yo digo es lo que más amas.
Yo digo que eso son las personas que amas.
Digo que son esas cosas, cualquiera que sean, que uno ama y desea.
Digo que es lo que uno ama.
Es lo que uno ama, la más bella cosa es quien uno ama.
Digo es quien quiera que una persona ame.
Digo que para mí son mis amados.
Para mí, y nadie más, son mis amados, eso es la más adorable vista.
Digo la visión de los que amas.
Lo digo de nuevo, la visión de los que amas, aquellos que has conocido y aquellos que no.
Lo digo de nuevo y de nuevo.
De nuevo y de nuevo.
Trato de seguir diciéndolo para que siga pasando.
Seven in bed

Seven in bed, Louise Bourgeois

Juliana Spahr
Esta conexión de todo aquello con pulmones
Traducción: Benjamín Moreno y Minerva Reynosa
Mantis Editores, 2012.

Charles Dickens fue un padre amoroso

La Biblioteca Nacional de Australia exhibirá un cheque que Charles Dickens envió a dos de sus hijos. El cheque tiene fecha de 1869 y  valía 100 libras esterlinas, lo que no se sabe es ¿por qué no lo cambiaron?

El autor de Cuento de Navidad y Grandes esperanzas era un amoroso y preocupado padre de 10 hijos.

 

Aquí la nota completa 

Aquí una página dedicada al análisis del Cuento de Navidad

Un clásico de temporada

Un clásico de temporada

 

 

La reforma laboral y el trabajo digno, ¿en serio?

Muestra del Taller Popular de Serigrafía en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario

 

En las primeras líneas de la propuesta de Reforma señalan que:

Artículo 2º. Las normas del trabajo tienden a conseguir el equilibrio entre los factores de la producción y la  justicia social, así como propiciar el trabajo decente en todas las relaciones laborales.

Se entiende por trabajo digno o decente aquél en el que se respeta plenamente la dignidad humana del  trabajador; no existe discriminación por razón de género, preferencia sexual, discapacidad, raza o religión; se  tiene acceso a la seguridad social y se percibe un salario remunerador; se recibe capacitación continua para el  incremento de la productividad y del bienestar del trabajador, y se cuenta con condiciones óptimas de seguridad  e higiene para prevenir riesgos de trabajo. El trabajo decente también incluye el respeto irrestricto a los derechos colectivos de los trabajadores, tales  como la libertad de asociación; autonomía y democracia sindical; el derecho de huelga y de contratación colectiva.

Aunque la propuesta que se está discutiendo en el senado, nada dice de modificar la jornada laboral o las prestaciones para que padres, madres, familiares e hijos mejoren  e integren su desarrollo familiar, laboral y profesional.

La única relación que reconoce esta reforma es la que existe entre el patrón y el trabajador y, medianamente, la del patrón con los sindicatos. Es entonces una reforma que de “trabajo digno” nada más usa el mote, pues para que eso exista; la relación no debiera pensarse sólo en términos de un patrón y un trabajador; sino entre toda una sociedad que reclama que las relaciones labores sean dignas y una serie de empresarios y funcionarios de alto nivel que, hasta ahora, no han concebido una realidad mucho más compleja de la que pueden reflejarles las ganancias de sus empresas o los deficientes servicios que ciertas paraestatales ofrecen.

De manera que con esta reforma quedan pendientes todas las recomendaciones que hace el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el informe Familia y trabajo publicado en el 2009 y que contempla una serie de medidas para eficientar las responsabilidades familiares de la sociedad, lo que significaría que el Estado –incluyendo a todos sus miembros: sociedad civil, gubernamental, empresarial, intelectual, artística, entre otras– es responsable de la calidad de vida de todos los niños, jóvenes, ancianos y enfermos de la sociedad. De manera que los patrones deben considerar que los trabajadores en algún momento tendrán que cuidar hijos, padres o familiares y que para poder trabajar y desarrollarse profesionalmente deberán tener la seguridad de contar con servicios de calidad –como los que propone la Ley de guarderías y estancias infantiles que las familias de la Guardería ABC, después de su tragedia promovieron– que se hagan cargo de los cuidados de sus familiares, entre otras tareas pendientes que la reforma no considera.

De acuerdo con información del sitio Sopitas, lo que la Reforma sí contempla es:

En general, la propuesta modifica la relación obrero-patronal y busca facilitar la contratación con:

1) Contratos a prueba por 30 días

2) Contratos de capacitación (por tres meses)

3) Contratos por tiempo indeterminado discontinuos

4) Jornada semanal flexible

5) Días de descanso flexibles

6) Eliminación del escalafón ciego

Facilita la contratación sí, pero también abarata el despido, recorta los derechos sindicales, permite el outsorcing (subcontratación) y castiga a los trabajadores que decidan demandar a sus patrones: en caso de despido injustificado, la reforma autoriza que los empleadores sólo cubran el costo de un año de sueldos caídos en juicios que llegan a durar hasta cinco o seis años.

Por lo que podemos ver a ojo de buen cubero y trabajador es que esta Reforma sólo considera una relación, la del patrón y el trabajador, y la concibe, no en términos de ida y vuelta e igualdad de circunstancias; sino en términos de –diría yo: agandalle vil contra los trabajadores– pero, diremos en otros términos mejores condiciones de ganancia y prácticas autoritarias de los patrones: empresarios, oficinas gubernamentales y cualquier otro empleador ante las opciones de los trabajadores para ejercer su derecho al trabajo digno o decente.

Trabajo y Familia: Hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social

INICIATIVA DE DECRETO QUE REFORMA, ADICIONA Y DEROGA DIVERSAS DISPOSICIONES DE LA  LEY FEDERAL DEL TRABAJO.

¿Qué #$%&@ es la Reforma Laboral?

Elemental, arquitectura para vivir

VIVIENDA

 
 
 
 
 
 
 

La familia obrera en el MACRO

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La familia obrera en el MACRO

Oscar Bony, La familia obrera (detalle), 1968-99 – fotografía blanco y negro s/papel, 200 x 180 cm. Colección Carola Bony

Política y belleza de las tareas en el Museo Macro de Rosario, Argentina

En países como el nuestro, el trabajo ocupa el centro de las conversaciones y preocupaciones. Es, casi siempre, un problema: por exceso o por falta, por rutinario o inestable. Pero a la vez, cada día, y no solamente en Argentina, somos sujetos y testigos de cambios en los regímenes laborales, que están siendo modificados por la evolución de las tecnologías industriales y por el auge de la llamada “economía del conocimiento”, en la que la circulación de información, ideas y servicios está reemplazando prácticas y saberes vinculados a la producción material. También somos testigos tanto de la desregularización de las organizaciones laborales, como de la angustiante precariedad y falta de reconocimiento implícita en los trabajos menos calificados.

Esta exposición intenta dar un pantallazo de algunos de los tópicos clave que rodean al concepto de trabajo a través de un conjunto de obras provenientes, en su gran mayoría, de la colección Castagnino+macro. El conjunto de obras, organizado en cinco ejes temáticos (Oficios, Precariedad, Opresión y Lucha, Artistas y Cuerpos) deja en claro que la representación del trabajo como tema y problema ha ocupado a los artistas visuales en todas las épocas. Utilizando medios y técnicas de los más diversos, los artistas enfocan el tema abarcando del homenaje a los oficios a la denuncia de la coacción, desde el monumento a la sátira, deteniéndose en imágenes de herramientas, de cuerpos, de resistencia, en espacios de trabajo y en la labor de los artistas.

Colección Castagnino+macro: Fernando Benedit, Adriana Bustos, Jorge Gamarra, Leónidas Gambartes, Karina Granieri, Víctor Grippo-Jorge Gamarra, Luciana Lamothe, Marcos López, Liliana Maresca, Gastón Miranda, Doma, Benito Quinquela Martín, Marcela Sinclair, Valentín Thibon de Libian, TPS (Taller Popular de Serigrafía), Federico Peralta Ramos y Alfredo Guttero.

Obras invitadas de: Florencia Bohtlingk, Oscar Bony, Alberto Goldenstein, Magdalena Jitrik, Fernanda Laguna, Fernando Paillet, Liliana Porter, TPS (Taller Popular de Serigrafía).

Inés Katzenstein es Directora del Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella y forma parte del consejo asesor de la revista Otra Parte de Artes y Letras. Escribió extensamente sobre arte contemporáneo y curó exposiciones como Liliana Porter: Fotografía y ficción (Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2003),  David Lamelas, Extranjero, Foreigner, Ètranger, Aüslander (Museo Rufino Tamayo, México, 2005), y co-curó Televisión, El Di Tella y un episodio en la historia de la TV(Espacio Fundación Telefónica, Buenos Aires, 2010), entre otras. Entre otros libros, editó Listen, Here, Now!! Argentine Art of the Sixties: Writings of the Avant-Garde, New York, The Museum of Modern Art, MOMA, 2004.
Fue curadora del pabellón argentino en la 52 Bienal de Venecia, donde presentó el proyecto Guillermo Kuitca, si yo fuera el invierno mismo. Fue también co-curadora de Zona Franca, Bienal del Mercosur, 2007. De 2004 a 2008 se desempeñó como curadora en Malba-Fundación Costantini, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, donde entre otros proyectos de programación, desarrolló la colección de arte contemporáneo.

Alejandro Aravena, arquitecto chileno

“Si tienes talento, no lo uses para llegar más lejos”

El arquitecto chileno defiende el trabajo desde la escasez

Frente a los proyectos de relumbrón, su prioridad es identificar los problemas de la gente

Cuando Alejandro Aravena (Santiago de Chile, 1967) estudiaba arquitectura, su país era una dictadura a la que llegaba poca información. Entre ese poco, conoció la obra del arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura, a quien, varias décadas después, un jurado del que Aravena formaba parte le concedió el último Premio Pritzker. Tras firmar numerosas facultades en la Universidad Católica de Chile y dos edificios en la de Austin (EE UU), Aravena se empeñó en relanzar las viviendas “incrementales”, las que crecen con las necesidades y posibilidades de sus dueños, y con su estudio, Elemental, colaboró en la reconstrucción de Constitución, la ciudad asolada por el terremoto de 2010. Su capacidad para trabajar desde la escasez le ha convertido en uno de los arquitectos del momento.

Usted ha formado parte del jurado del Premio Pritzker con solo 42 años. ¿Cómo llega un arquitecto joven a juzgar quiénes son los mejores del mundo?

En 2006, el jurado del Pritzker pasó por Chile y visitó mis Torres Siamesas en la Universidad Católica. Supongo que habría empatía intelectual o química. Luego, el nivel de la discusión para cribar calidad probablemente sea el más alto que yo he debatido en mi vida. Se discuten las milésimas y te metes en unas honduras que exigen poner el cerebro y la intuición al máximo de capacidad.

¿Cuándo se dio cuenta de que era uno de ellos, un arquitecto planetario?

En 1985, el profesor Hernán Riesgo nos decía que no nos estaba educando para operar en Chile, sino para ser arquitectos del mundo. Entonces sonaba estrambótico, pero el primer consejo que nos dio fue que midiéramos los edificios. Como en Chile no había un solo edificio que mereciera la pena medir, lo primero que hice al terminar fue irme a Europa. El profesor me aconsejó que midiera los edificios porque llegaba “de una huelga de hambre”: “Si se enfrenta a la arquitectura tal cual, se le va a indigestar”.

Y así, en Venecia, en Grecia, en Florencia, en Sicilia y en Turquía se dedicó a medir edificios.

Tenía que tragarme el cuerpo de conocimiento de la disciplina. Uno se traga el Partenón como si tuviera que decidir el paso siguiente. Aunque no lo dé nunca. La otra parte de la respuesta es que cuando llegué a dar clase a Harvard, proveniente de nuevo de la nada, allí se hizo más o menos evidente que tu campo de operación es el mundo completo. Con cuidado, uno tiene que creerse eso y al mismo tiempo no creérselo nada. Y en Harvard supe que, analizando bien un caso particular como Chile y la vivienda social, podíamos llegar a soluciones globales. Con todo, no me considero global. Trabajo desde Chile, aunque tengamos un proyecto en Shanghái.

¿Le compensa trabajar en Shanghái?

Aceptamos los trabajos que implican un desafío profesional.

¿Eso lo ha podido hacer siempre?

Es difícil decir no a proyectos que puedan significar altos honorarios.

¿Ha dicho que no a muchos proyectos?

Dije tanto que no en un momento de mi vida que entre 1995 y 1997 renuncié a la arquitectura y me dediqué a otra cosa.

¿Dio clase?

Un bar. Era tan violento para mí haberme ido a tragar el cuerpo del conocimiento de la arquitectura y dibujar semana tras semana los edificios, que no me iba a dedicar después a hacer bromas. Para hacer estupideces, decidí mejor no hacer nada. Es mejor hacer algo bien, cualquier cosa, que mediocremente lo que se supone que es bueno.

Esa condición heroica de la arquitectura, ¿fue un pecado de juventud o ha determinado lo que ha hecho después?

Conjunto de viviendas sociales realizadas por Alejandro Aravena en Iquique (Chile), que refleja su concepto de crear armonía y comunidad a partir de la escasez

Soy idealista, pero también muy pragmático. ¿Cómo se puede vivir así? Bajas tus necesidades al máximo. No se necesita demasiado para vivir. Lo que necesitas para estar contento es más bien poco, pero tienes que estar satisfecho con lo que haces. Eso te da libertad para aceptar los trabajos que son realmente pasos en una carrera profesional hacia cosas que tengan sentido. El asunto es mirar atrás con 60 años y no tener que decir: “Si lo hubiera hecho de otra manera…”.

Tan altos objetivos sorprenden en alguien que ha experimentado la escasez. La clase media chilena no tiene fácil acceso a la educación superior. Una vez conseguida, ¿cómo no intentar transformarla en mejora económica, no tenía presiones familiares?

No. Para ganarse la vida como clase media teniendo una formación universitaria, uno llega a fin de mes con casi cualquier cosa.

Pero usted aspiraba a más.

No a mucho más desde el punto de vista económico, pero sí desde el punto de vista profesional. Y con un conjunto de clientes muy malos, uno tras otro, la verdad es que tiene más sentido dedicarse a hacer otra cosa. Fue más bien una renuncia a la falta de calidad que una renuncia económica. La económica nunca va a ser demasiado grave. Estoy preparado para eso.

Viene de una familia de profesores, ¿por qué quiso ser arquitecto?

En Chile postulas a la universidad indicando prioridades. Yo elegí como primera opción arquitectura, y como segunda, danza y flauta. Sabía que si no era arquitectura no era nada. Pero al mismo tiempo no sabía lo que era la arquitectura. Para entrar había que hacer una prueba especial y yo quedé en primer lugar. Eso significaba que podía estudiar pagando la mitad. Cuando te dan esa oportunidad, muerdes el hueso y no lo sueltas. Recuerdo la universidad como algo serio. Por eso cuando nos decían: “ustedes se van a tener que medir con el Partenón”, nos lo creíamos.

¿Todavía lo cree?

Cada vez con más dificultad y sentido de la realidad. Pero eso no quita que esa sea tu hambre. Hace poco fui a India y a Bangladesh a ver el edificio de Louis Kahn. Pasa todo el tiempo, te encuentras arquitectos que te botan al suelo. Me sucedió con Rafael Iglesias, en Argentina, por ejemplo. Cuando ves esos trabajos, te das cuenta de la ridiculez de tus propuestas.

¿Esa exigencia habla de la medida de su ambición?

La calidad envía mensajes con el ejemplo. Pero encuentro esa especie de maestro en otros ámbitos del conocimiento. Podría suceder que un arquitecto llegara al máximo de su profesión sin haber hecho ni un rasguño a la sociedad. Ese es el drama de la arquitectura hoy.

Usted dejó claro que quería hacer arquitectura social, pero con ánimo de lucro. ¿Eso es romper tabúes y normalizar la arquitectura?

Tienes que poder vivir para hacer las cosas. En tercer año teníamos un taller clave: hacer una casa unifamiliar. Escogías el cliente, el lugar… Todos elegían un cliente excéntrico, un artista por ejemplo. Se tendía a pensar que la calidad del cliente aseguraba la calidad del proyecto. Yo hice la casa para un taxista. El taxista existía. Era Morales, un tipo que le ayudaba a mi padre a preparar curanto [una comida del sur de Chile que cuece mariscos y carne bajo tierra] en las fiestas de cumpleaños. Me interesaba ver qué de lo que yo estaba estudiando en la universidad, Palladio o Vitrubio, le importaba a un tipo que tenía que dejar el taxi en la casa porque era su fuente de ingresos o colocaba el refrigerador en el living porque era un símbolo de estatus. Yo me preguntaba: para una persona que todos los días debe coger el transporte público, ¿qué es la calidad de vida? Te preguntas qué puede aportarle la arquitectura a alguien como él. Y qué relación tiene el discurso de la universidad con esa vida.

¿Esa preocupación por las personas antes que por las obras le venía de familia?

Al revés, mis padres son bastante de derechas. Pero un tipo joven tiene que preocuparse por esas cosas cuando las ve. Desde ese proyecto, mi preocupación como arquitecto ha sido siempre la misma: la vida diaria de las personas que lo tienen difícil. No superdifícil, no es el niño con la monja en África; se trata de poder solucionar asuntos cercanos.

¿Cómo consiguió volver a ser arquitecto?

Hay momentos en que se quiebran los círculos. Y eso sucedió cuando me encargaron la Facultad de Matemáticas de la Universidad Católica de Santiago. Un antiguo profesor, en ese momento decano de la Facultad de Arquitectura, sugirió mi nombre. A partir de ahí tienes un patrimonio. Haces bien el edificio y construyes sobre eso.

Una oportunidad lleva a la otra, pero también cambia su relación con el poder, con ‘el Club Chile’ que usted critica.

Siguen siendo proyectos en los que concursas por méritos. No son encargos. Hay una institución que tiene que escoger, y ahí es donde en Chile, dentro de todo, me parece que opera la meritocracia. Sin ella, yo no existiría.

¿Defiende que con autoexigencia un arquitecto puede llegar a trabajar en círculos ajenos a su clase social?

Un proyecto es una inversión. Tú mismo te construyes el próximo cliente.

Muchos proyectistas tienen la sensación de trabajar contra el cliente. ¿Usted no tiene ese problema?

Quizá porque no soy muy artista. No tengo una agenda con exploraciones conceptuales que quiera desarrollar y para la que necesito un cliente.

El reto de las viviendas sociales

Con su estudio, Elemental, este joven arquitecto chileno se ha convertido en una de las voces con más proyección en el mundo de las viviendas sociales. Es autor de revolucionarias casas en Chile y México, que cambian y crecen concentrando el presupuesto en los primeros 35 metros y construyendo los cimientos para dejar abierta la posibilidad de mejorar, a medida que la familia aumenta o incrementa sus posibilidades económicas.

Además de las viviendas sociales,es autor de edificios como una residencia en la Universidad de Austin (Tejas) y la Escuela de Medicina y las Torres Siamesas de la Universidad Católica de Chile. Ha sido profesor de Harvard y miembro del Jurado Pritzker. (En la fotografía, Aravena, a la derecha, con Diana Ferrara, su profesora de grabado, y la artista Rita Pedullá, en Florencia en 1992).

¿Qué quiere hacer?

Me interesaría solucionar los problemas que pudieran interesarle a cualquier ciudadano, sea su casa, un barrio o problemas de segregación y violencia. Yo estudié una disciplina que me entrega fórmulas para traducir a formas esas cuestiones intangibles que preocupan a cualquiera.

¿Eso es lo que hacen en su estudio, Elemental? ¿Cómo comparten seis socios y cuarenta personas una manera de pensar?

Escuchando lo que le sucede al de al lado. Cada vez me cuesta más tener ideas a priori o certezas. La vía del ejemplo me parece que es la mejor manera, la cultura de lo que se traspasa cara a cara.

¿Es difícil mantener la unanimidad a medida que aumentan los encargos?

Para atender ciertos encargos, no se puede no crecer. Éramos 25, y Codelco, la compañía chilena del cobre, nos encargó rehacer Calama, la ciudad del cobre. El lugar de donde sale la riqueza de Chile tiene una calidad de vida absolutamente desfasada con la riqueza que produce. La gente ha salido ya dos veces a la calle y 30.000 personas han bloqueado la ciudad reclamando mejoras. Así como Constitución supuso la reconstrucción del terremoto y la previsión del futuro, allí el terremoto es social y ambiental por la manera de producir de la mina. Para realizar ese encargo hay que pasar de 25 a 40 personas, y ese es un encargo al que no se puede decir que no. No tenemos resuelto el tamaño del estudio.

¿Cómo se aprende a trabajar desde la escasez?

Cómo ha sido criado uno, aflora en lo que haces. “No se bota la comida” es algo que termina instalándose en tu forma de ser como una costumbre. Mi infancia no fue de supervivencia, no era dramático, pero me marcó. Por ejemplo, me produce placer viajar llevando muy poco.

Pero eso es de ricos…

Es una satisfacción personal necesitar muy poco. Y eso se puede aplicar a todo.

¿Asimila esa austeridad a toda la clase media chilena, o es algo de su familia?

Claramente es familiar, pero no podría existir si no hubiera una sociedad a la que eso le parece bien. Si crees que hay que respetar la fila, pero vives en una sociedad en la que todo el mundo se la salta, si la respetas pasas por tonto. Tiene que haber un contexto en el que estar en la fila sea valorado. A mi mujer le llama la atención que en Chile tú compras algo y te tienen que dar un recibo. Ella es brasileña, y en Brasil jamás te lo dan. Tú puedes tener la convicción de que es justo pagar impuestos, pero tienes que vivir en una sociedad donde eso sea compartido para poder hacerlo.

¿Su mujer es arquitecta?

Sí.

¿Viven en su propia casa?

No

Seguro que se la pueden permitir. ¿Por qué no se ha hecho una casa?

Porque no la necesito. Me importa mucho más que la distancia de mi casa a la oficina sea de una canción, de minutos en bicicleta. O a pie. Para mí, eso es calidad de vida.

¿Esa certeza le llega a partir de ver lo que no le gusta?

No concibo pasar mucho tiempo sin mi familia, sin mis hijos. En ese sentido, para mí, Harvard fue importante. Allí me tocó ver lo que no hay que hacer en la vida: gente que a los 60 años no tiene vida. La carrera por el éxito profesional paga un coste personal que vi muy temprano. Tengo claro que desde Chile me pierdo una cantidad enorme de cosas, pero tengo también claro que el desafío es cómo tener una vida equilibrada. A mí me parecería terrible que un hijo mío tuviera que hacer una película para entender por qué su padre estaba poco en casa como le sucedió a Louis Kahn. En el libro en el que le entrevistaron sobre su vida, la última pregunta a Steve Jobs es esa: ¿Por qué ha contado tanto alguien tan esquivo? Y la respuesta de Jobs es: “Porque quería que mis hijos supieran por qué yo no estuve ahí”. Se lo cuenta al periodista en lugar de contárselo al hijo. De estos personajes tenemos muchísimo que aprender para corregir el curso de lo que no queremos que sean nuestras vidas. Si tienes algún talento, en vez de usarlo para llegar más lejos, úsalo para llegar más acompañado. Es un desafío extraordinario tener una vida equilibrada y corriente.

¿A la arquitectura le hace falta perder impostura?

La arquitectura está recuperándose a sí misma. Le faltaba aire. Y si abres la ventana, lo primero que entra es gente. Por eso cuando llegué a Harvard, el primer tema que elegí discutir fue la irrelevancia: había cantidades de arquitectos discutiendo temas que solo interesaban a otros arquitectos.

¿Se está rompiendo esa endogamia?

Creo que sí. El reto es tratar temas que están fuera de la arquitectura con las herramientas de la arquitectura. Una de las personas clave para mí fue un libanés, Hashim Sarkis, al que conocí en Harvard. Para él, el desafío era que en algún momento hubo una arquitectura que pidió fuero para ser artísticamente libre y terminó tratando solo problemas que les interesaban a otros arquitectos. Con mucho ismo:posmodernismo, deconstructivismo, cualquier ismo que le pongas, da igual. Era el camino hacia la irrelevancia. Frente a eso, estaban los que vieron, en los setenta, otros problemas, sobre todo en Latinoamérica, y se dedicaron a los temas duros. Pero para dedicarse a los temas duros abandonaron la arquitectura. Con Hashim decíamos: el desafío hoy es coger los temas que les interesan a todos y hacerse cargo de ellos con el conocimiento específico de la arquitectura, que es la forma. Ese cruce hazlo pasar por lo que sabes hacer como diseñador y después devuélveselo a la sociedad; eso decidirá si tengo éxito o no, y no si te publicaron más o te dieron más premios. Que la gente sea más o menos feliz, que los barrios se valoricen, que sean zonas más o menos conflictivas, mide el éxito de la arquitectura.

¿Por qué le interesó hacer vivienda social?

Cuando llegué a Harvard pensé: ¿qué puedo aportar?, ¿dónde puedo tener ventaja frente a los demás? Trabajar desde la escasez era una de las vías. De la escasez a la vivienda social hay un paso. La vivienda social tiene algo, y es que los que se dedican a hacerla, aun sin decírtelo, parece que tengan una especie de carné de superioridad moral. Jamás hemos querido levantar esa bandera que tacha al resto de banal para constituirse en relevante. Uno se va con la sensación de haber gastado energía en algo que merece la pena. Pero no me parece que eso te haga éticamente superior ni a ti ni a tu arquitectura.

Le acusan de apropiarse de soluciones tradicionales en Latinoamérica, como la vivienda incremental.

Nunca dijimos que fuera algo nuevo. ¿Qué novedad le pusimos? Que tuviese capacidad de aumentar de valor en el tiempo, porque es lo que yo espero de mi casa.

¿Cuál es el último indicador de calidad?

Una pregunta: ¿yo viviría aquí? Si la respuesta es no, el proyecto no pasa la prueba.